Acaban de terminar las fiestas grandes de Logroño, aunque honestamente pienso que actualmente el calificativo de grandes les queda, digamos que bastante idem, por decirlo de un modo suave. Uno que peina ya canas no puede menos que espantarse ante el oprobio con el que año tras año, y da igual el color, las diferentes corporaciones municipales tratan a las Fiestas de San Mateo y de la Vendimia Riojana, y lo que es aún peor, el descaro y la desvergüenza con las que pretenden a los ciudadanos hacernos comulgar con ruedas de molino, creyendo, sin duda, que o somos poco espabilados o nos acabamos de caer de un guindo.
Y os aseguro que en modo alguno este intento postrero de hacer catarsis, como alguien pueda llegar a pensar, se trate de la típica pataleta de aquel que habiendo disfrutado de sus mejores días en su juventud no sea capaz de desmarcarse de aquellas jornadas y del consabido y falso dicho de que cualquier tiempo pasado fue mejor.
Estoy seguro de que la gente de mi generación, esto es, los que pudimos disfrutar de los San Mateos de los años 80 y 90 en nuestra juventud, o en nuestro "prime", como decís ahora los jóvenes, estarán de acuerdo y darán fe de que cualquier parecido entre estos y aquellos es pura coincidencia. La verdad es que fuimos afortunados, en aquellos años y al finalizar el verano, la semana del 20 al 26 de septiembre se convertía en la mejor de la ciudad, pero por lejos.
Una ciudad en la que todos los días había un concierto grande en le Plaza del Ayuntamiento, para diferentes gustos y edades, pero eso si, de una gente con una calidad reconocida y fuera de toda duda, lo mejor de la música española, y era mucha y buena, pasó por aquí. ¿Dónde ha quedado todo eso?, en un triste y mísero concierto, y no lo digo por el artista, que me merece todo el respeto y habrá al que le guste.
Los fuegos artificiales, si, aunque os cueste creerlo, se lanzaban todas las noches. Las Carrozas se ponían en un horario que no se solapara con los toros porque las Peñas acudían a ambos eventos. Las degustaciones de la Peñas se armaban de tal manera que cada día solo una de ellas era la encargada de hacerla en la Plaza del Mercado, ni por asomo lo de ahora donde casi en cada esquina te encuentras una, implicando de esta manera que en los pasacalles mañaneros desfile solo la orquesta y cuatro más, normal, angelitos míos, si están haciendo de cocineros continuamente.
¿Qué ha pasado con los stands que las Casa Regionales montaban en la Glorieta?, nunca más se supo, y era un lugar muy frecuentado donde los visitantes podían tomar productos de las diferentes regiones del país mientras escuchaban y veía actuaciones de sus respectivos folclores.
De esto hace menos tiempo, pero también funcionó muy bien unos años atrás el llamado Espacio Peñas, un lugar de algarabía y diversión en el que incluso se ofrecían conciertos de rock para el disfrute y esparcimiento de los más jóvenes, pero se conoce que alguien debió de pensar que no se podía seguir con algo que no se les había ocurrido a ellos y quisieron cambiar las reglas del juego, con los resultados ya de todos conocidos, que llevamos dos años sin un espacio de esa índole.
En fin, que es una pena, pero creo que es un sentimiento compartido por muchos conciudadanos el de que las Fiestas de San Mateo han involucionado, el de que incluso en varios pueblos le ponen más cariño y dedicación a sus fiestas. No creo que sea tan difícil, estamos a tiempos de darle una repensada a este tema, habría que convocar una mesa redonda con los diferentes actores sociales de la ciudad, Ayuntamiento, Peñas, Vecinos y diferentes asociaciones y entre todos volver a hacer unas fiestas de las que nos volvamos a sentir orgullosos.

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